miércoles, 2 de febrero de 2011

Egipto: la praxis y la teoría

Profesor de Entorno Político y Social - IPADE
Presidente Ejecutivo del CEGI
Twitter: @FelipeGyG

La noche del 1 de febrero de 2011, ha caído ya en el Cairo. El Presidente Hosni Mubarak ha prometido dirigirse a la nación esta misma noche. Cientos de miles personas participaron en la marcha pidiendo su renuncia inmediata. La presión de los manifestantes continúa.

De momento Mubarak ha decidido no presentarse a las elecciones de septiembre; se resiste a dejar el poder ahora.

Los manifestantes que han acampado en la Plaza de la Liberación exigen reformas democráticas. Desde Túnez hasta Yemen, pasando por Jordania, el mundo árabe se convulsiona. ¿Será esta gesta el inició de un movimiento sostenido hacia la democracia, una mayor igualdad de oportunidades, que permita mejorar los estándares de vida de una población sometida al autoritarismo, la corrupción y la explotación?

La presión internacional se suma a la exigencia de una transición ordenada, pero incluya cambios inmediatos, como un gobierno de amplio espectro que involucre a líderes de la oposición.

La oposición encabezada por el Premio Nobel de la Paz, Mohamed El Baradei, así como todos los grupos opositores, incluidos los Hermanos Musulmanes, han llegado a un acuerdo de cuatro puntos:

1) Renuncia de Mubarak.
2) Disolución del Parlamento.
3) Nueva Constitución.
4) Creación de un gobierno de transición.

La revolución de enero lleva ocho días e involucra a jóvenes, estudiantes, profesionales, familias enteras e incluso personas con grandes recursos económicos. La declaración de Walid Abdel-Muttaleb, un hombre de 38 años, que ha participado en la marcha es todo un reto: “Hemos hecho la parte más difícil tomando las calles. Ahora depende de los intelectuales y los políticos que lleguen a un acuerdo y nos ofrezcan alternativas”.

La praxis está dada. La revolución está en marcha. Habrá un nuevo orden en Egipto. Esperemos que los políticos y los intelectuales logren dar una salida racional a la crisis. Se requiere la práctica, los hechos cuentan, pero el futuro depende de las instituciones, de la capacidad para generar ideas unificadoras, que hagan posibles los caminos de la paz, el progreso de todos, la construcción de una patria incluyente.

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